En las arenas del mar – parte II

 

 

 

La zona de arena seca sólo cubría la mitad de la extensión de la playa. Más allá seguía una suave pendiente grisácea de superficie lisa, como pulida, que caía hasta perderse bajo el océano. Era verdad. Pero ¿por qué no iban a poder bañarse? El niño ya correteaba hacia la parte húmeda. Sus pies sintieron el recogimiento blando de la arena seca y luego el impacto duro del pavimento cada vez más fresco que se iba acercando al mar.

 

- Oiga, ¿Y por qué no? El mar está tranquilo. No sé… ¿Hay tiburones o qué?

 

El hombre pareció sonreír por un momento.

 

- Faneca brava.

 

Se miraron sin tener la menor idea de lo que hablaba el viejo, que se dio cuenta. Al fin y al cabo, eran forasteros. Mejor explicárselo antes de que ocurriera una desgracia.

 

- Es un pez. Aunque no un pez cualquiera. Tiene veneno.

 

Costaba creerlo. ¿Un pez venenoso en una playa gallega? Siguieron escuchando lo que decía aquel hombre con cierto escepticismo, mientras el niño jugaba a echar barro sobre un alga arrastrada por las olas. El agua estaba fría.

 

- Viven cerca de la costa, algo alejados de la orilla… salvo en la bajamar, como ahora. Van pegados al suelo, por el fondo, entre la arena… Se camuflan con ella. Son casi del mismo color y difíciles de distinguir, salvo por la sombra del movimiento con el agua limpia.

 

Se van aproximando a la playa a medida que baja la marea. Llegan, buscan un sitio adecuado, y se entierran. Sólo dejan visible una pequeña aleta oscura que es como una aguja que sale de la arena. Pero es ahí donde concentra todo el veneno. Y así se quedan quietas, durante horas, esperando… Y si las pisan….

 

El hombre les miró fijamente y su voz sonó sombría. Una creciente inquietud comenzó a recorrerles. ¿Era cierto aquello? Si la pisaban…

 

- …la punzada que les atravesará el pié les inyectará un dolor ardiente, incisivo, mucho más intenso que cualquier herida que hayan podido sentir nunca. Es un dolor tan fuerte que se dice que sólo existen otros tres animales marinos con una ponzoña semejante. Y todos ellos producen un veneno mortal.

 

Al fondo el chico temblaba levemente. El bañador ya estaba mojado y le daba frío. El agua le pasaba de las rodillas y ralentizaba su camino. Eso le hacía gracia. Un paso. Otro paso… haciendo flotar la arena del fondo.

 

- Ha habido algunos hombres de mar que por descuido o imprudencia han recibido la picadura de la faneca, y llevados por ese dolor insufrible, han acabado serrándose su propia pierna. Hasta ese punto es intenso. Espero que lo entiendan y por hoy se mantengan alejados de…

 

Fue interrumpido. Y la calma de aquel tranquilo día de playa fue rota por un chillido infantil.

 

 

 

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One Response to En las arenas del mar – parte II

  1. Martin says:

    Fanequita fanequita riiica!!!!  XDDDD

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