- Parece que tienes problemas, ¿verdad?
Se dio la vuelta. La sombra estaba atada a los pies de un hombre de edad avanzada, delgado, muy arrugado y algo encorvado, que vestía una vieja gabardina oscura y un sombrero negro más que desfasado. No parecía peligroso. La respuesta le salió como un suspiro.
- No lo sabe usted bien…
Aquel hombre dio algunos pasos temblorosos en su dirección.
- Tal vez yo pueda ayudarte…
Se metió la mano en el bolsillo y sacó una cadena plateada enrollada a algo que parecía un colgante, o un medallón. Se lo ofreció.
- Este es un colgante muy antiguo. Llevo ya demasiados años con él y ha llegado el momento de dárselo a alguien que lo guarde por mí. No te preocupes. Hará que tus deseos se hagan realidad.
- No, no gracias… no puedo aceptarlo, de verdad, no….
- Por favor, acepta el regalo de un anciano. Es un amuleto muy especial. Te traerá suerte, ya verás.
Lo recogió a regañadientes y le echó un vistazo. Se fijó en la forma. Pero, un momento, aquello era….
- Oiga, esto es una esvástica nazi. ¡Yo no puedo llevar esto!
El hombre sonrió y negó con la cabeza.
- No es nada nazi, aunque a primera vista, a muchas personas se lo parezca. Si no quieres que los demás lo vean, llévalo por debajo de la camisa. Ten en cuenta que no se trata de un adorno, pequeña… es un amuleto. Espero que hagas buen uso de él.
Y aunque iba a seguir protestando, aquel hombre se dio la vuelta y se marchó. Ella no quiso dar más vueltas sobre el asunto y le pareció mal tirar esa cosa. Al fin y al cabo era un regalo. Pero no dejaba de parecer un símbolo nazi. Se lo metió en el bolsillo y se fue a casa.
El despertador zumbó en el peor momento. Dos horas antes el llanto del crío la había despertado, y tenía la sensación de que el sueño había vuelto hacía tan solo unos segundos. Se miró las ojeras en el espejo de la habitación. No habría podido dormir gran cosa de todas formas. Estaba nerviosa por todo lo que le esperaba. Aquello iba a salir mal y estaba aterrorizada. Vio el colgante del viejo de la noche anterior sobre la coqueta. ¡Qué diablos…! Necesitaba toda la ayuda que pudiera encontrar, por muy absurda o remota que le pareciera. Se lo puso al cuello y lo ocultó bajo la blusa.
(Continuará)
Hummm..interesante, espero con impaciencia el proximo capitulo
XD