Pensó que iba a estallar de los nervios.
Por fin dio comienzo el examen y llegó hasta sus manos el papel con las preguntas. Lo leyó con avidez, sin respirar, y su contenido le reventó las entrañas como un hachazo. No sabía nada. Lo poco que podría rescatar no sería suficiente para aprobar. La mayor parte de lo que se pedía pertenecía a las lecciones que no había podido preparar. Su cabeza empezó a calentarse. Era como una pesadilla.
Recordó el medallón y sin pensarlo, se llevó la mano bajo la blusa y lo apretó con fuerza. Las afiladas puntas de la figura se le clavaron en la carne, y del pinchazo brotó una pequeña gota de sangre.
Algo ocurrió.
Como si el mundo colapsara en un segundo para volver a surgir al instante, hubo un flash, que sin cegarle la vista abdujo sus sensaciones para voltear todo sin que cambiase nada.
¿Qué había pasado? El examen estaba… terminado.
Miró el reloj. Habían pasado dos horas. El profesor, al fondo, comenzó a hacer gestos para anunciar que el tiempo se estaba acabando. En breve exigiría la entrega. Y delante de ella, su papel estaba rellenado. Todas las respuestas. Leyó parte de lo escrito tratando de buscarlo reflejado en su memoria, sin éxito. Pero era su letra. Tenía que haber sido ella misma. ¿En qué momento lo había hecho? ¿Cómo había podido…?
¿El medallón?
Caminó hasta su casa observándolo. No tenía la menor duda de que iba a aprobar. Por fin. Por fin. Estaba salvada. ¡Y todo gracias a su medallón! ¡Era mágico! Apenas podía creerlo, pero era la única explicación lógica. Era el milagro que había estado esperando. Y aquel viejo que se encontró era como el típico genio de los cuentos de hadas.
Manoseó la figura contemplándola con todo detalle. No le preocupó lo más mínimo lo que pudiesen pensar los demás. ¿Y si aquello era nazi, qué más daba? Era bueno. Tenía poder. Tal vez con aquello cambiase su vida. ¿Habría más cosas que fuese capaz de hacer? Era muy posible…
Se cruzó con su madre en la puerta de casa. Tenía que salir un momento. Debía quedarse con el niño. Fue hasta su habitación. Ahí estaba, durmiendo para variar. Parasitando a su familia, como de cosumbre. No tenía que haber nacido. No debía existir… Se acercó a la cuna y sonrió. Un brillo de genialidad iluminó sus ojos.
- Así es, pequeña basura… no debes vivir.

Yo quiero un medallón de esos. ¿Dónde me podré comprar uno? XD
Está claro que yo para lo que lo quiero es para aprobar sin estudiar, porque el instinto asesino ya me viene de serie jajajajaajajaja.
^^