Nuk y Kalim eran un poco idiotas, pero buena gente. Les conocía desde la academia, en la Tierra. Soldados competentes pero algo díscolos. No muy diferentes a ella, en realidad, salvo que Lytam pensaba que lo disimulaba mejor cuando hacía falta, por lo que había logrado ascender a teniente. Entre ellos los protocolos y los grados no tenían ningún sentido. Con Kalim se había acostado un par de veces. Con Nuk pensaba que también, una vez, en una de las juergas de sobreoxígeno que se dieron en Rogem, pero no lo recordaba. Nuk se levantó al día siguiente preguntando si habían vuelto ya a la Tierra, así que nunca podría estar segura. Si sobrevivían a los robots de Tadir no necesitaría mucho sobreoxígeno para intentar hacer memoria con ambos.
Atravesaron con cuidado los pinchos de los árboles que lo cubrían. Un elemento de aleación, semienterrado, grande. ¿Una nave? O tal vez…
- ¿Qué diablos es esto?
- Ni idea… Pero espera, mira el barro, la parte enterrada. ¿Esa silueta no parece…?
- No jodas… ¡Imposible!
Lytam no podía creerlo… pero por aquella forma, realmente parecía…
- ¿Un robot de combate? – Nuk trataba de apartar el fango que lo cubría. – Pero… es… extraño… ¿un modelo antiguo? No había visto nunca uno así.
Lytam y Kalim trataron de retirar la masa que ocultaba la sección principal.
- Ayúdanos, Nuk… Si esto es realmente un robot de combate, la escafandra de entrada debería ser esto.
Trabajaron en ello durante un rato. Por suerte, la sustancia viscosa era fácil de quitar.
- Ey, ¿Conocéis estas inscripciones? No me suenan… ¿Crapasianas, podrían ser? ¿Meresianas? Terráqueas, por mi madre que no son, eso seguro.

- Mmm no entiendo el significado, puede que sea el nombre de la nave, pero yo diría que es algo lambdano… – Kalim había recibido inserciones neuronales de filologías variadas. Aunque de ser cierto, iba a representar un problema bastante desagradable para Lytam. La civilización lambdana se suponía que había desaparecido hace millones de años lepturianos y no se sabía demasiado sobre ellos, salvo por los vestigios que dejaron en algunos planetas lejanos, y que desde luego no daban la impresión de disponer de la tecnología necesaria para construir nada parecido ni remotamente a un robot de combate. Si aquello se confirmaba, Gómez sería incluso capaz de hacerles regresar. – O por lo menos, si estos caracteres fueran lambdanos, se leerían como… “Kandel…jag”. Sí, Kándeljag.
Lytam se quedó pensativa en silencio. Aquello era malo. Un robot de combate de procedencia desconocida se podría calificar sin demasiados problemas de “armamento interespacial potencialmente peligroso”. Justo lo último que esperaba encontrar, y lo último que deseaba.
- Teniente Ram, aquí nave base. Llevamos un rato observando en el monitor de infrarrojos que ya han alcanzado el objetivo. Esperamos informe.
Lytam habría escupido de no ser por el casco. Se corrigió: escuchar la voz estridente del control de nave base en esos momentos sí era lo último que deseaba.
- Afirmativo, estamos en las coordenadas establecidas. Cinco horas lepturianas de retraso respecto al horario inicial. Estamos procediendo a la identificación del objeto.
Lytam se empezó a poner nerviosa. Necesitaba ganar algo de tiempo para pensar. ¿Qué debía hacer? Era sencillo. Decir que habían encontrado chatarra. Los restos de un bloque de combustible de hace un siglo o algo así. Seguramente no se molestasen en contrastarlo. Aunque… ¿y si lo hacían? El hallazgo podría ser importante. Además, mintiendo estaría implicando a Kalim y Nuk. Estaba segura de que la apoyarían en cualquier caso, pero no sería justo decidir sin consultarles.
- ¿Qué han encontrado hasta ahora, teniente?
Cualquier respuesta le remordería la conciencia. Apretó los dientes.
- ¿Teniente? Estamos esperando respuesta, teniente. No es ra….¡tshck!
Un agudo chasquido taladró los tímpanos de Lytam a la vez que se cortaba la comunicación.
- ¿Qué demonios…?
- ¡¡Lytam!! ¡¡Mira allá!!