Despedida


Era una agradable mañana de primavera en aquella colina. El
verde prado se extendía hasta perderse de vista mientras una brisa amable mecía
las copas de los árboles cercanos, desde donde podían oírse los trinos de los
pájaros. En aquella estampa tranquila, la lápida a sus pies no parecía más que
una simple piedra incrustada en la tierra. La voz de Günter sonó a sus espaldas

 

- Mis condolencias, Michael.

 

Michael mantuvo la mirada fija en la piedra.

 

- ¿Sabes, Günter? Los cadáveres no  acaban siendo más que grandes trozos de carne en descomposición,
nidos de larvas y parásitos. Creo que el hedor que desprenden es la alarma que
la sabiduría de la naturaleza ha proporcionado a los humanos para darnos cuenta
de que debemos deshacernos de los muertos. Los primeros hombres eran prácticos,
no desaprovechaban un buen aporte de proteínas fáciles de conseguir cuando
alguno de sus congéneres moría, pero la carne de los viejos no creo que
resultase un manjar demasiado suculento, y la posibilidad de que la enfermedad
que matara al hombre pudiese transmitirse a los que lo devorasen es posible que
acabara instaurándose en la conciencia de las tribus.

 

Así pues, los humanos hemos encontrado dos buenas soluciones
para quitarnos la podredumbre de la vista: entierros y cremaciones. Todo tiene
que ver con la tradición, pero como ves, la tradición en su origen no es más
que una respuesta simple a una necesidad. Los humanos somos extraordinariamente
rutinarios. Basándonos en la repetición, somos capaces de mantener
comportamientos durante milenios sin tener la menor inquietud sobre la razón
que los justificaba. Si algo sólo tenía sentido en un determinado contexto
temporal, la tradición hace que se perpetúe aún si el sentido se pierde con el
tiempo, puesto que en cualquier caso, nadie va a preguntarse por ello.

 

En ciertas partes de Mongolia, existe una figura similar a
lo que para occidente suele ser el enterrador. Un individuo que vive apartado
de la gente, en las montañas, cuyo trabajo consiste en recoger los cadáveres de
los muertos, trocearlos, prepararlos, y dárselos de comer a los buitres. Ya que
los despojos orgánicos actualmente no tienen un papel relevante en el humus, el
alimento para buitres resulta una alternativa razonable para conservar el
círculo de la vida, en la Naturaleza.

 

Cabría preguntarse, en cualquier caso, si tiene algún
sentido lógico preocuparse por ello. Si la rueda de la vida dejase de girar
¿acaso tendría alguna implicación? Delante de mí, bajo tierra,  sé que está el cuerpo inerte de alguien que
una vez fue una persona importante para mí, pero desde el punto de vista
físico… ¿qué ha cambiado? La materia ni se crea ni se destruye. El cuerpo
apagado sigue siendo cuerpo, su existencia es indudable, simplemente ahora no
realiza funciones biológicas de caracter general: su cerebro ha dejado de
funcionar, su corazón no late, sus tejidos se pudren y sus células cesan su
actividad, pero el conjunto de partículas que formaban todo aquello sigue
existiendo. La energía latente en ellas se mantiene. El universo en su conjunto,
como sistema cerrado, permanece tal como estaba. La vida o la muerte tienen la
misma relevancia que el viento atravesando las ramas de los árboles o el agua
arrastrando el limo en un torrente.

 

Pero lo único cierto es que el universo no nos importa. Toda
preocupación o tristeza por los elementos que nos rodean se basa en la utilidad
que representan para nosotros. El ataúd ahí abajo no es nada para mí. No existe
más interacción con él que con el cemento que soporta el camino por el que he
venido, o la tierra que se mantiene oculta bajo las hierbas de estos campos. Lo
que veo es la lápida, con un nombre en ella, cuyo efecto sería tal vez como el
de la magdalena proutsiana. Y sinceramente, antes que venir aquí, parece
preferible quedarse en casa tomando té y una bolsa de magdalenas.

 

Si piensas en que lo que existe y vive sólo es relevante en
cuanto a lo que te aporta, te das cuenta del egoísmo inherente al ser humano.
¿Quién llora por el hecho de que otro no viva? Esa persona no sufre, no siente,
el dolor ha desaparecido. El que llora es el que pierde un elemento de su
entorno con el que podía establecer una interacción satisfactoria. Se llora por
la frustración de no obtener lo que se quiere. Mero egoísmo. Así que si el
egoísmo se considera algo moralmente reprobable, los humanos somos una pandilla
de canallas. No lloramos por los demás. Lloramos por nosotros mismos.

 

No hay nada más obvio que el hecho de que para cada persona,
la única entidad cuya vida resulta imprescindible es ella misma. Bondad, consideración,
generosidad, tolerancia, compasión… son conceptos vacíos e hipócritas. Si el
ser humano fuese lógico, tendría que reconocer que toda acción que realice y
pueda generar algo deseable y positivo para otros busca internamente un
beneficio propio, ya sea reconocimiento, afán de superioridad, esperanza de
recompensas futuras, o cualquier tipo de compensación. No existe algo como la
"bondad", y por tanto, no existe la maldad. Sentirse mal por
pretender haber hecho algo etiquetado como "malo", resulta un
sinsentido. No hay ningún motivo lógico para ello. Lo lógico sería procurar
siempre el beneficio personal independientemente del perjuicio que causara a
otras personas. Es lo que nos hace humanos. La tradición que dicta que no
debemos pensar así es equivalente a la de de enterrar los muertos. Podríamos
trocearlos y echárselos de comer a los buitres. Lo que nos lo impide no es una
barrera lógica, es una barrera mental autoimpuesta que nos limita y nos hace
esclavos de las decisiones que antepasados ignorantes tomaron en nuestro lugar
y nos inculcaron como leyes durante generaciones. Lo lógico, lo inteligente, es
evolucionar y superar las barreras; en una palabra: mejorar.

 

- Michael, no entiendo muy bien todas estas cosas que estás
diciendo… Imagino que debe de ser muy difícil para ti que Anne ya no esté y
haber heredado el control de una compañía tan grande… Ahora estás muy
afectado y no creo que puedas ver las cosas con claridad. Tal vez tengas que
tomarte unas vacaciones, un año sabático o dos… después de eso seguramente te
sientas mejor…

 

- Dudo que alguna vez me sienta mejor.

 

- Oh, no digas eso… ya verás como sí…

 

Günter siguió hablando sobre futuro, consuelo,
recuperación… y no vio la sonrisa salvaje de Michael mientras se repetía para
sí: "Sí, dudo que alguna vez me sienta mejor…"

 

 

 

 

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