Nochevieja


- A ver si lo entiendo…

- ¡¡Tú es que eres hombre y no entiendes nada!!

 

Álvaro siguió hablando mientras Elena deambulaba con paso
rápido por la casa tratando de contener los nervios.

 

- … ¿tu problema consiste en que no tienes nada que
ponerte… aunque tu armario esté lleno de ropa….?

- ¡¡Ves cómo no entiendes?? No es que no tenga ropa. ¡Es que
no es nueva! ¿¿Lo entiendes?? Es la fiesta de fin de año. ¡La ropa tiene que
ser nueva….! ¡¡nueva!!

 

Álvaro abrió el armario y le echó un vistazo a la colección
de vestidos que poblaban las perchas.

 

- Mmm… pero… Esto es nuevo, ¿no? Me lo enseñaste el otro
día. Y este otro vestido también, lo compraste hace una semana, cuando me
pediste que te acompañara a hacer las compras de navidad… De hecho, compraste
más ropa para ti que para los regalos…

 

Elena se dejó caer en la cama y miró al techo exhalando
aire, con los puños apretados, como tratando de mantener la calma ante el
advenimiento de la Suprema Estupidez. Empezó a hablar despacio, intentando
expresarse como lo haría con un niño pequeño, casi mordiéndose los labios de la
impaciencia.

 

- Pero no es nueva…. Todo lo compré estos días ya me lo
puse. Lo he estrenado hace nada… No… vale… para fin… de año….

 

Se esforzaba en pausar las palabras para intentar que la
idea calara de una vez.

 

- A ver si lo entiendo… – Volvió Álvaro. – Lo que quieres
decir es que para la fiesta de Nochevieja tienes que estrenar un vestido.

 

- ¡Por fin, dios! – Pegó un salto en la cama y se incorporó
alzando los brazos en un alarde de alegría fingida que enmascaraba su profunda
desesperación. – ¡Por fin parece que te entra en la cabeza algo tan sencillo!

 

Álvaro miraba distraído la ropa de las cajoneras, con la tal
vez no muy remota esperanza de encontrar algo que se les hubiese pasado por
alto y resolviera el problema. De pronto lo vio.

 

- Oye, esta bolsa está precintada.

- ¿El qué? ¡Eh?

- Sí, mira…

 

Le tendió una bolsa con la publicidad de una de las tiendas
de moda favoritas de Elena. Dentro había otra bolsa precintada, con algo que
parecía ser un vestido. Elena la miró con curiosidad, como si jamás hubiese
contemplado cosa igual y la abrió con cierto aire de solemnidad.

 

- Oh, esto…

- Eso no lo habías estrenado, ¿no?

- No…

- Entonces te vale, ¿no? – Álvaro mostró un poco de alivio
ante la perspectiva de que aquella tarde de quejas finalizara, pero Elena
permanecía pensativa.

- Mmm…

- Ya está, ¿no? Puedes ir con eso, ¿verdad?

- Pues…

- ¿Sí…?

- ¡¡Pero no tengo zapatos!!

 

A Álvaro casi se le salen las entrañas por la boca.

 

- Pero… ¡si tienes docenas de zapatos! ¡Debajo de la cama
no hay más que cajas y cajas de zapatos! ¡De tacón, de fiesta, de… de todo
tipo, de todos los colores, y todos los has elegido tú y te encantan!

 

Elena se giró hacia él en silencio, tomo aire, le miró a los
ojos y muy despacio le dijo:

 

- Nuevos…

 

 


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